//«Democracia», «valores occidentales», «Derecho internacional» no son solo palabras vacías enterradas bajo los escombros de Gaza; son la «escolta» de esas bombas, esa sangre, esos muertos.//
Nota de presentación a la edición en español
[Diciembre, 2025]
“Ha caído el árbol.
El poderoso tronco está aplastado.
Ya, ni un asomo de vida para el árbol dejó la tempestad”.
Estas palabras nos resuenan cual eco lúgubre que pronuncia el nombre de Gaza a orillas del abismo, en una desgarradora metáfora que desborda cualquier forma discursiva sobre Palestina y su gente que resiste –resistencia que simbolizamos en lxs explotadxs que hoy sobreviven la incertidumbre de la irracionalidad israelita[1]–, convertidxs en extrañxs de su propia tierra, condenadxs a ser extinguidxs en el más profundo de sus significados ¿Cómo podemos entender entonces aquello que los compañerxs italianxs llaman la “imprevista cuestión Palestina” sino es en el desmantelamiento del orden colonial sostenido por el poder Estatal? ¿Qué otra cosa es la “cuestión”[2] sino la imposibilidad de seguir sosteniendo los eufemismos de la geopolítica de Occidente (como “guerra” y “conflicto”), cuando las imágenes de cuerpos destrozados circulan sin mediación por millones de pantallas, por donde además la indignación se disipa a la misma velocidad con que se consumen estos horrores?
La ley del más fuerte exhibe la agresión como certeza sociológica en la letalidad del arbitrio, donde la fuerza deja de ser retórica y se convierte en un espectáculo inaudible e insoportable de ver. La caída del árbol –que ya no se pregunta si es bosque en el silencio– deja de ser una alusión metafórica y vuelve alteridad la singularidad palestina.
Vivimos los tiempos de la indignación desbordante, donde el testigo de ayer hoy se pregunta: ¿en qué momento nos volvió a importar Palestina y Gaza? ¿Cuánto se debe permitir para que nos interpelen los genocidios?[3]
Hoy, el orden democrático ha demostrado –una vez más– tener compatibilidad con el exterminio colonial, configurando e instrumentalizando el resultado de una –inconclusa– política de guerra que no ha cesado en su gestión de la invasión. La irrefrenable voluntad de la conquista se ha administrado por los intereses que divide lo capitalizable de lo desechable, apoyados en la ficción, el principio, de la civilización y los valores del mundo occidental. La Declaración Balfour, puesta en marcha con la Nakba en 1948, demostro no ser solo un proyecto de expulsión masiva, sino un acto de creación de lo inhabitable: borrar aldeas, alterar topografías, repoblar espacios, renombrar geografías, en un despotismo revisionista y negacionista [4]. En el diseño de una ontología israelita del territorio la estrategia militar es la punta de lanza. La presencia palestina, reconocida como una anomalía para la ideología sionista, ha sido el motivo de un acelerado desarrollo tecnológico destinado a perfeccionar el control, clasificación, segmentación, optimización y gestión de la población, traduciendo el comportamiento humano en un conjunto de datos algorítmicos, donde el territorio, la nueva plataforma experimental de la informática de guerra, se vuelve un laboratorio de permanente investigación y aplicación de modelos de violencia[5] hacia la eficiencia. La técnica no reemplaza a la política, por el contrario, la realiza.
Es por esto que el paradigma del eterno campo de batalla –que hoy se representa con Gaza, el escaparate tecnológico y logístico del biopoder ejercido en y desde Tel Aviv–, y que algunos han definido como el “universo carcelario jamás concebido al aire libre”, no puede mantenernos indiferentes, y eso significa hacer eco de la desgracia de sus oprimidxs con nuestros propios análisis sin perder la sensibilidad en nuestra critica, que además nos permita ver más allá de la dualidad que la disputa por el poder intentan presentar. Pensar Gaza implica pensar la condición humana bajo el dominio del Estado, del desarrollo de la técnica y de la economía global. Implica reconocer que no estamos frente a un caso excepcional, sino frente a una maquinaria que se exporta en sus políticas y modelos de control Israelí a las Democracias de Occidente[6]. Implica, finalmente, asumir que la solidaridad no es tan solo un acto sentimental, sino una responsabilidad con la política de liberación total.
Por todo esto –y más– hemos traducido La Tempesta. L’imprevisto palestinese nella guerra globale (La Tempestad. La imprevista cuestión palestina en la guerra global), un gesto del pensamiento para desglosar lo aparentemente imposible en un esfuerzo internacionalista por fomentar y difundir el análisis anarquista[7], contribuir al debate que sobre nuestras posibilidades más allá de la palabra escrita y, por sobre todo, desmantelar la desrealización que nos impide formar una percepción y perspectiva autónoma sobre la realidad en sus urgencias más inmediatas y menos superficiales.
La Asamblea Sabotiamo la Guerra (Italia) es una iniciativa anarquista y antiestatal que se ha autoconvocado con diversas reuniones abiertas y de carácter público en los últimos dos años (aunque la lucha antimilitarista que han recorrido data de 2016) en ciudades como Génova, Turín, Rovereto, Lecce, Carrara, Mestre y Milán, con la intención de discutir públicamente los acontecimientos de la guerra en curso, abordando la geopolítica del belicismo estatal (como la guerra Ucrania-Rusia y el genocidio israelita sobre el pueblo de Palestina) junto con el papel del movimiento internacionalista antiautoritario –y anarquista italiano– con lxs palestinxs de Gaza.
La crítica a la globalización de la guerra la han hecho presente en periódicos como Bezmotivny o en panfletos repartidos en mítines y sitios web como «il Rovescio», donde el llamamiento ha sido frenar este exterminio sionista y sus tecnologías de control y dominación en la era del poscapitalismo. A raíz de esto surge «La Tempestad», con la voluntad de cuestionar el orden y la dominación, de identificar al enemigo y atacar las estructuras que sostienen el horror física y moralmente desde una solidaridad sin banderas, reivindicando la dignidad por sobre el discurso armamentista. ¿Cómo revitalizar los conceptos y las practicas revolucionarias en la proyección antimilitarista, de hablar de violencia, aunque no veamos las bombas, de comprender la masacre como una expresión propia de nuestra realidad, del aquí y ahora?
A casi dos años de su publicación en Italia de la «La Tempestad», sus textos nos han reafirmado, con enormes preocupaciones, la voracidad de Israel en el curso de los acontecimientos que aquí se describen y profundizan, y es que nada ha cambiado, por el contrario, pareciera que lo inevitable se fortalece en el retorcido panorama de una “Paz”[8] –orquestada a través de las declaraciones de Netanyahu y Trump– diseñada para conseguir la estabilidad necesaria para los intereses del Capitalismo global, mientras tanto la ilusión de un “alto al fuego” no ha sido más que una extensión de la táctica de shock que el sionismo ha levantado como fronteras provisionales entre un tormento presente y otro futuro.
A medida que se avecina la tormenta, esta publicación de numero único quiere soplar en la dirección revolucionaria contra la dominación y el autoconvencimiento ciego de una solidaridad sin ideas propias.
Discutamos «La Tempestad», solidaricemos con lxs palestinxs!
[1] Una resistencia que alberga múltiples lecturas en su compleja composición frente al asedio y el despojo, que ha hecho que el sionismo en su incremental conquista (donde radica el origen del mito y de su mal) y ampliación del tecnomundo se mantenga como un proyecto colonial aún inacabado, pero con consolidación irrevocable. La resistencia ya no se inscribe como resultado de un devenir socio-histórico, es decir, por sus propios y contradictorios procesos de revolución social, sino que como un orden natural y cruel donde se impone la asfixiante necesidad de sobrevivir a un tiempo estancado de sufrimiento. La resistencia histórica es del pueblo palestino, escrita por lxs desplazadxs y explotadxs, entre ruinas y el apartheid, más allá de cualquier contundencia que pueda ofrecer el brazo armado más o menos aliado (las contradicciones entre la lucha armada y la lucha popular son un tema constante de debate entre los palestinos). En este sentido, Gaza constituye hoy el último bastión de una resistencia territorial que el sionismo no ha logrado borrar. Y precisamente por ello, se la castiga como a ningún otro lugar del planeta. [N.E.]
[2] La “cuestión” no es un tema aparte en el estudio de las relaciones de poder. Ver la causa Palestina como nuestra causa es otorgar una dimensión mucho más cercana a la articulación de lo palestino con el desarrollo de nuevas técnicas de control. La política militar ha evolucionado aceleradamente hacia un ensamblaje entre el Estado y la industria tecnológica (respondiendo a las lógicas de la economía de guerra). Entender así la “cuestión” palestina es comprender la producción de nuevos modelos de muerte, vigilancia y represión que se exportan a las democracias del mundo con el fin de configurar un orden mundial donde la vida en general se defina cada vez más por la materia prima (seres humanos) disponible para la ingeniería del poder. [N.E.]
[3] Este “fenómeno” plantea un problema moral y filosófico profundo en un mundo saturado de estímulos y dificultades cognitivas para la comprensión de la realidad, donde las capacidades para discernir entre la violencia legítima e ilegítima, entre resistencia y aniquilación, entre derecho y crimen, se disuelve en el espectáculo filtrado por lo visible y lo invisible. Sabemos que la catástrofe sobre Palestina no se limita a la destrucción de vidas; sino que implica también la destrucción de la capacidad colectiva (más allá del Mediterráneo) de comprender y actuar claramente. Esta erosión del juicio no es un defecto accidental del sistema; es uno de sus efectos funcionales. Cuanto más difusos sean los límites morales, más fácil es para los Estados sostener políticas de exterminio detrás del velo de la complejidad técnica. Recordemos: el genocidio tiene muchas batallas, y una de ellas es la conciencia, el razonamiento del mal. [N.E.]
[4] Ese complejo entramado “religioso” que la ley Divina ha instaurado con la idea prometida ha presentado la colonización como un “conflicto entre dos etnias”, sembrando la perversa idea de una Palestina deshabitada y provista de todo lo necesario para la constitución del Estado de Israel y el desarrollo del proyecto sionista. [N.E.]
[5] La arquitectura militar que se despliega en Palestina es el resultado de un ensamblaje entre Estado, la industria científico-militar y las lógicas de mercado. La muerte se privatiza, la vigilancia se externaliza, la represión se automatiza. Para el Estado de Israel los cuerpos palestinos se vuelven así las superficies sobre las que se prueban los límites operativos del poder contemporáneo en el presente siglo. Gaza, en este sentido, encarna el punto más extremo de esta simbiosis. El colonialismo ya no necesita justificar doctrinas civilizatorias, porque su legitimidad proviene de una racionalidad tecnocientífica: la necesidad de una “seguridad de Estado”, los cálculos algorítmicos de riesgo, las estadísticas de daño colateral, la gestión de flujos humanos. La violencia se vuelve administrable, cuantificable y legalizable (es más condenable en Israel denunciar la tortura en las prisiones que cometerlas civiles) [N.E.]
[6]Chile, aunque geográficamente distante, tiene una estrecha complicidad con la economía armamentista israelita desde la década de los 70. La dictadura abrió las puertas a las nuevas tecnologías del belicismo, adquiridas por las fuerzas policiales, trazando una relación de colaboración en materia y formación internacional de unidades combate, despliegue de vigilancia digital hacia la secularización y uso de armamento diseñado para la represión urbana, reproduciendo la misma gramática de poder que opera en Palestina. Wallmapu es la guerra invasora que se desarrolla en este País, territorio fragmentado y militarizado desde hace dos gobiernos evidenciando la continuidad de una lógica colonial que se ejecuta hace más de 200 años. [N.E.]
[7] El análisis y la crítica revolucionaria debe generarse con la suficiente claridad respecto a nuestras posiciones antiautoritarias, desconfiar de la superficialidad y la simplicidad cuando abordamos un genocidio es fundamental. La ficción de la unidad no debe contaminar nuestra conciencia con una ciega y desesperada inclinación por el mal menor (como ha sido el caso con Hamás y la acción del 7 de octubre). Es indispensable realizar los debates que creamos abran con rigurosidad los caminos hacia la liberación total, no dejándonos intimidar –en la elaboración de nuestras propuestas– por el peso de una solidaridad centralizada y ambigua, mucho menos por las acusaciones que solo merman el potencial de un pensamiento y horizonte autónomo. [N.E]
[8] ¿De qué Paz se está hablando si quienes la profesan son lxs mismxs que han cometido las atrocidades de la limpieza étnica sin precedentes en la historia actual? ¿Qué Paz es posible cuando la memoria se desangra con el solo recuerdo del flagelo sufrido por más de 70 años de colonización? Creemos que no habrá Paz posible en Gaza, indistintamente de como esta se ofrezca y prometa, de que Estado o brazo armado este detrás de su gestión. Palestina está rota, sus corazones humillados. La política del dolor desestima cualquier resolución a la invasión que no contemple la persecución y segregación racial. La Paz de la hoy los mismos verdugos sugieren es la reacomodación triunfante de la masacre. No olvidemos que la naturaleza de la guerra siempre ha sostenido un discurso de paz compatible con el deseo de exterminio. [N.E.]
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Título: La tempestad. La imprevista cuestión Palestina en la guerra global (La tempesta. L’imprevisto palestinese nella guerra globale)
Escribe: Asamblea Sabotiamo la guerra
Año: publicado originalmente en 2024/ traducción al español 2025
N° de páginas: 204
Medida: 10×16,5cm